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Noûs

Este término aparece en la filosofía de Anaxágoras y se puede traducir por mente.

      En la filosofía griega hay dos líneas de interpretación de esta palabra: una recoge el sentido originario del término Noûs como facultad de reconocimiento inmediato, directo, de una realidad, y otra lo identifica con la mente suprema o Dios. Aristóteles es el más claro representante de la primera línea al defender la distinción entre el pensamiento noético o comprensión directa de los primeros principios del conocimiento, y el pensamiento dianoético o discursivo basado en el razonamiento a partir de dichos principios. Por el contrario, Anaxágoras defiende la segunda línea (Noûs como mente ordenadora). Anaxágoras consideró que existe una realidad inmaterial dotada de conocimiento y voluntad que dirige el comportamiento de todas las cosas naturales y que en cierto modo se puede identificar con Dios. Este punto de vista introduce explicaciones finalistas del cambio natural. La tradición filosófica recogió la idea (pero no el término Noûs) de un ser supremo que ordena y dirige el mundo en función de un plan, y la encontramos en Platón, Aristóteles y todo el pensamiento cristiano.

        Ver “mente”.

 

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TEXTOS PRESOCRÁTICOS-SOFISTAS-SÓCRATES

 

Aristóteles nos presenta en el siguiente texto la idea del Noûs o Intelecto como una realidad distinta, separable (¿inmortal?) del cuerpo, con una argumento que relaciona claramente la posibilidad del conocimiento con la cuestión de la inmortalidad del alma.

 
     Ahora bien, si el inteligir constituye una operación semejante a la sensación, consistirá en padecer cierto influjo bajo la acción de lo inteligible o bien en algún otro proceso similar. Por consiguiente, el intelecto -siendo impasible- ha de ser capaz de recibir la forma, es decir, ha de ser en potencia tal como la forma pero sin ser ella misma y será respecto de lo inteligible algo análogo a lo que es la facultad sensitiva respecto de lo sensible. Por consiguiente y puesto que intelige todas las cosas, necesariamente ha de ser sin mezcla -como dice Anaxágoras- para que pueda dominar o, lo que es lo mismo, conocer, ya que lo que exhibe su propia forma obstaculiza e interfiere a la ajena. Luego no tiene naturaleza alguna propia aparte de su misma potencialidad. Así pues, el denominado intelecto del alma -me refiero al intelecto con que el alma razona y enjuicia- no es en acto ninguno de los entes antes de inteligir. De ahí que sería igualmente ilógico que estuviera mezclado con el cuerpo: y es que en tal caso poseería alguna cualidad, sería frío o caliente y tendría un órgano como lo tiene la facultad sensitiva, pero no lo tiene realmente. Por lo tanto, dicen bien los que dicen que el alma es el lugar de las formas, si exceptuamos que no lo es toda ella, sino sólo la intelectiva y que no es las formas en acto, sino en potencia... Y es que la facultad sensible no se da sin el cuerpo, mientras que el intelecto es separable.

Aristóteles, Acerca del alma,  429 a13 - 429 b6
 (Biblioteca clásica Gredos. Traducción: Tomás Calvo Martínez)
     

 

 

© Javier Echegoyen Olleta
Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 1: Filosofía Griega. Editorial Edinumen
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